El poder de la mente y el paisaje
Sentada en este banco de color gris, con rasgos un poco antiguos y en lo personal bastante cómodo, me detengo un momento... Comienzo a escuchar los sonidos de mi alrededor; autos, motos, bocinas, mucho ruido en general, no me agrada, no me ayuda a sentirme con total comodidad.
Me detengo otro poco... Ahora intento nublar ese ruido, trato de que se encuentren en un segundo plano y me enfoco en el sonido de las ramas y las hojas de los árboles que al chocar entre ellas por el viento que sopla un poco fuerte crean un sonido pacífico, un sonido suave y sereno que me transmite mucha calma.
Sigo escuchando... los autos y las motos ya casi ni se sienten. Escucho el canto de los pájaros, son todos diferentes, se escuchan algunos constantes y otros que luego se van. Siento que el canto de éstos muchachos son el complemento del sonido creado por el viento y su brisa. Me concentro en ellos, ya no siento otros sonidos molestos, permanezco en sintonía con mi paisaje sonoro, mis pulsaciones cada vez más bajas, mi mente concentrada en lo único que quiero, generando cierta paz en mí.
Podría decir que me siento como en una burbuja, donde tengo una percepción del tiempo un poco diferente a lo habitual, y permanecen estos hermosos sonidos pacíficos de la naturaleza y yo únicamente.
Levanto la mirada, observo a mi alrededor... Donde se encuentran las vías, los trenes, los árboles y algún que otro pájaro volando, confortando finalmente el bello paisaje de esta estación que tantos años como historia tiene.
Me detengo otro poco... Ahora que pude concentrar los sonidos pacíficos y el paisaje de este lugar, lo disfruto, dejo canalizar la paz y la calma a través de él, ahora me siento con total comodidad.
Se rompe la burbuja, vuelvo a la percepción habitual del tiempo; 16:21 pm de ésta hermosa tarde soleada.
Observo una última vez, vuelvo a la rutina.
Me detengo otro poco... Ahora intento nublar ese ruido, trato de que se encuentren en un segundo plano y me enfoco en el sonido de las ramas y las hojas de los árboles que al chocar entre ellas por el viento que sopla un poco fuerte crean un sonido pacífico, un sonido suave y sereno que me transmite mucha calma.
Sigo escuchando... los autos y las motos ya casi ni se sienten. Escucho el canto de los pájaros, son todos diferentes, se escuchan algunos constantes y otros que luego se van. Siento que el canto de éstos muchachos son el complemento del sonido creado por el viento y su brisa. Me concentro en ellos, ya no siento otros sonidos molestos, permanezco en sintonía con mi paisaje sonoro, mis pulsaciones cada vez más bajas, mi mente concentrada en lo único que quiero, generando cierta paz en mí.
Podría decir que me siento como en una burbuja, donde tengo una percepción del tiempo un poco diferente a lo habitual, y permanecen estos hermosos sonidos pacíficos de la naturaleza y yo únicamente.
Levanto la mirada, observo a mi alrededor... Donde se encuentran las vías, los trenes, los árboles y algún que otro pájaro volando, confortando finalmente el bello paisaje de esta estación que tantos años como historia tiene.
Me detengo otro poco... Ahora que pude concentrar los sonidos pacíficos y el paisaje de este lugar, lo disfruto, dejo canalizar la paz y la calma a través de él, ahora me siento con total comodidad.
Se rompe la burbuja, vuelvo a la percepción habitual del tiempo; 16:21 pm de ésta hermosa tarde soleada.
Observo una última vez, vuelvo a la rutina.
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