La foto y él

    Le llenaba de lágrimas ver esa foto, donde estaba capturado ese lugar tan pacífico que solía ir con una persona muy importante, que hoy se había ido. Y con irse me refiero a que ya no hablaban tanto, ya no lo tenía siempre cuando lo necesitaba, lo había perdido y aunque hablasen ya no era lo mismo.
    Tomó la foto, se acostó y se pasó horas viéndola, podía recordar perfectamente todos los momentos que había pasado allí. Solían salir buscando lugares en los que se sintieran cómodos, daban vueltas y vueltas, terminaban en ese lugar siempre, caminando juntos por la vía y sentados hablando sobre muchas cosas, hasta que anochecía y debían irse. Llegó un momento en el que directamente ese era su punto de encuentro, ya no buscaban más, ese lugar se les hacía cómodo, estaban solos, sin que nadie los moleste o intervenga.
    Siempre se le venía a la mente un día en el que él recostó su cabeza en sus piernas y la observaba encantado, en lo que le dijo: Sos hermosa, que por cierto, significó mucho para ella, porque en verdad se sintió así después de tanto, él le hacía sentir de esa forma. 
    Ella era fría, debido a varias experiencias que la llevaron a ser así, y le parecía perfecto, decía que importarse por las personas siempre la llevaban a estar mal. Y no era de egoísta, simplemente lo había comprobado. Aunque esta vez se había arriesgado, esta vez era diferente, podría estar segura que se enamoró de él. Y se volvió más fría aún, pero ahora tenía miedo, temía amar, querer, encariñarse o cualquier otro sentimiento.
    Lo que más le dolía era que fue ella la causante de haberlo perdido, y no podía remediarlo. No podía jugar con él y sus sentimiento, no era esa clase de persona.
    -¿Cómo era posible hacerles daño a las personas sin ninguna intención de hacerlo?- pensaba. Siempre intentaba hacer lo mejor que podía y al final se terminaba lastimando o la lastimaban.
    En fin, ahora solo le quedaba seguir adelante y quizá seguir yendo a ese lugar, pero sola. Sola para reflexionar de muchas cosas, no podía siempre caer en el mismo pozo. Esta vez era diferente si, pero era de las pequeñas cosas de la vida, pequeños obstáculos que nos sirven y nos ayudan, que nos dan a entender que no siempre nos sale todo bien, y que debemos aprender de ellos.
     -No puede ser- dijo, -No puedo sentirme así- cerró los ojos para que se derramasen esas lágrimas que se acumularon distorsionándole la vista. Los abrió y pensó en voz alta Necesito ir a ese lugar por última vez, no puedo volver allí, sería auto torturar mi mente sin necesidad- se levantó, fue hacia el ropero y tomó lo primero que vio. Salió lo más rápido que pudo y al fin llegó.
    1:58 a.m. y se encontraba sentada en la estación de trenes. Su pelo se movía por la brisa que soplaba, y su rostro, todo húmedo de llorar, se iluminaba por la hermosa luna que se asomaba.
    Le sorprendía que nadie esté allí, era un lugar perfecto para despejarse.
    Se sintió mucho mejor, pudo revivir esos momentos y acordarse de su rostro; piel blanca, cabello negro hacia el costado, ojos marrones, con esa simpatía que siempre lo acompañaba. Se le escapó una sonrisa sin querer, mientras cerraba los ojos.
    Se recostó en una columna, siguió con los ojos cerrados, que le hacían apreciar mucho mejor la brisa de esa hermosa noche de verano.
    No tenía intenciones de irse, estaba calmada y quería permanecer así. Pasó el rato, mientras escuchaba canciones de una banda que solían escuchar juntos, y sin más se quedó dormida, con la foto tendida en su mano que luego se voló por la brisa que sopló un poco más  fuerte que antes



Comentarios

Entradas populares de este blog

El poder de la mente y el paisaje

La cultura de la mentira...

La Son(risa)